La autenticidad y la innovación

La innovación desde la autenticidad

Desde hace varios años busco la autenticidad en los productos y servicios que consumo.  Ese equilibrio entre lo natural y lo holístico…  No siempre es fácil huir de la química utilizada a veces en exceso tanto en los alimentos que consumimos como en los residuos que generamos diariamente.

Para tener una sólida formación me acredité como Health Coach en el Institute for Integrative Nutrition de Nueva York.

Me considero una persona afortunada.  Puedo cultivar la gran mayoría de los vegetales, frutas y huevos que consumo, incluyendo el aceite de oliva. En el Delta del Ebro, en una finca en la que cultivo árboles frutales, productos de la huerta y olivos.

Realmente poder disfrutar de ese jugo de oliva natural, sin filtrar es un lujo.  Más aún teniendo la tranquilidad de que está cultivado sin productos químicos.

Una vez pasado el placer que produce la recolección y degustación inicial me propuse investigar a fondo sobre las propiedades del producto.  Mi intención fue la de no limitar sus grandezas al habitual uso culinario y a sus propiedades organolépticas.

El aceite de oliva se cultiva en la cuenca mediterránea desde el siglo 4 a.C.  Ya era conocido como ‘oro líquido’ por el poeta griego Homero. Los griegos comenzaron a usarlo en sus prácticas religiosas con diversos usos: culinarios, cosméticos, farmacéuticos e incluso de iluminación.  Lo usaban también como agente antibacteriano, limpiador, humectante y de masaje.

Utilizado por vía tópica se puede aplicar en el cuidado de la piel.  Tiene gran capacidad para limpiar, hidratar e incluso eliminar bacterias. En un masaje puede prevenir lesiones deportivas, aliviar dolores musculares y el dolor en las articulaciones.

Sus propiedades antioxidantes ayudan a evitar los signos de envejecimiento prematuro.  Crea una barrera protectora contra los dañinos rayos UV.  Previene el daño causado por los radicales libres.

Agregando aceite de oliva a ingredientes exfoliantes mejora sus propiedades.  Deja la piel rejuvenecida y radiante. Incluso podría utilizarse como un eficaz desmaquillante.

Podría sustituir también la crema de afeitar.

Hidrata y suaviza las uñas y las cutículas y se puede usar como máscara facial natural.

Incluso las personas con piel propensa al acné o con sensibilidades cutáneas lo pueden usar para hidratar la piel mientras eliminan y evitan la formación de bacterias que causan el acné.

Utilizado en el cabello lo protege de contaminantes ambientales y repara el daño causado por el calor y los tintes. El cabello se siente más fuerte, liso y saludable.

Tiene propiedades terapéuticas y usos tanto en cosmética -antioxidante, emoliente, potenciador de colágeno, aclarante de la piel y agente de limpieza- como en medicamentos -antiinflamatorio, antibacteriano, desintoxicante, regulador y estimulante-.

Todo ello me ha ilusionado y me he iniciado en la elaboración de mis propios bálsamos elaborados con aceite de oliva como ingrediente principal. La textura es especial, con efectos muy hidratantes y nutritivos.

Estuve utilizándolo durante un mes antes de regalarlo a mi entorno más allegado.  ¡Tuvo una gran acogida!

La experiencia me ha llevado a enfatizar el valor intrínseco de los buenos productos y a conectar con la autenticidad de los materiales.

Me ha permitido reflexionar sobre el uso de productos auténticos más allá de la apariencia inicial. La búsqueda de rituales diferentes.  Prácticas inspiradas en el pasado, pero mirando hacia el futuro.

Innovar para mí misma en unos productos de muy buena calidad que no generan residuos, tratarlos de forma ecológica y fomentando la economía circular.

¡Me ha picado el gusanillo de la cosmética auténtica!

Continuará…

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